Nicaragua, en las puertas de una guerra civil: 137 muertos, barricadas y francotiradores

Una guerra civil está a punto de iniciarse en Nicaragua. El 17 de abril una protesta de estudiantes contra una reforma jubilatoria abrió una caja de pandora que explotó en el centro del país comandado por Daniel Ortega y su esposa, la vicepresidenta, Rosario Murillo. En pocos días el reclamo se extendió desde Managua, la capital, hacia todo el interior. El Gobierno sandinista empezó una cruzada contra los manifestantes con una feroz represión: hasta ahora hay 137 muertos. Periodismo para todos viajó a esa ciudad y a Masaya para mostrar cómo son las violentas protestas, que incluyen los bloqueos conocidos como "tranques", intensos tiroteos y defensas con morteros.
Desde hace 50 días grupos parapoliciales reprimen en forma feroz cada protesta. Los manifestantes se defienden con morteros. La historia de Masaya, una ciudad sitiada.


La cifra de muertos en Nicaragua a desde abril pasado es de 137 de acuerdo a lo que dijo el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh). El organismo indicó que las últimas víctimas, todas civiles, murieron entre el viernes y el sábado en Managua, Jinotega y Masaya, al oriente de la capital.


El número supera a los 127 verificadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) entre el 18 de abril al 30 de mayo, cuando además contabilizó más de 1200 heridos. El Gobierno sólo reconoce 42 muertos. La mayoría de las víctimas fatales son varones y jóvenes, todos con heridas de bala de alto calibre en la cabeza, cuello o torso: el Cenidh asocia la forma de morir con la acción de disparos de francotiradores.

Los tiros de la policía, las bombas de los morteros y las sirenas son moneda habitual en las calles nicaragüenses desde abril. Grupos antimotines son los que intentan evitar las manifestaciones, con una forma similar a la de las fuerzas bolivarianas paramilitares de Nicolás Maduro en Venezuela.


"El pueblo unido se va a defender mejor que cualquiera", exclamó uno de los manifestantes organizador de los "tranques", o como se los conoce en la Argentina, piquetes. Con las caras tapadas para que no los identifiquen, no solo bloquean las rutas, sino que construyen verdaderas barricadas de guerra con gomas, piedras, cemento, maderas y hasta carteles publicitarios. Desde allí, intentan identificar a policías infiltrados entre la muchedumbre y controlan el flujo del tránsito.

Masaya, una ciudad sitiada
El panorama que se ve en Masaya, uno de los lugares más afectados, es apocalíptico. Cada 150 metros hay una barricada, la gente solo puede ir caminando al trabajo, muchos se suben arriba de las camionetas porque no funciona el transporte público y la hora límite para salir de la ciudad es a las 14. En ese momento, los encargados de los "tranques" bloquean en forma total los caminos hasta el otro día. Ese pueblo está muerto en vida: hubo saqueos, incendios, desabastecimiento y no hay bancos.

Mientras el equipo de PPT -encabezado por Gastón Cavanagh y María Eugenia Duffard- registraba imágenes en uno de los caminos, un grupo de personas se dio cuenta que un "manifestante" no estaba con ellos. A los gritos, lo ataron frente a las cámaras. "Es sandinista. Es policía. Él sabe cual es el castigo, amarrarlo o lo quemamos", exclamó uno de los líderes del piquete. Todos piden lo mismo: quieren que se vaya Ortega.

"Estamos ante la mayor violación de derechos humanos de los úlitmos 40 años. Las denuncias contra el Gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo son graves. Estamos hablando de 136 asesinados por manifestarse. Hablamos de centenares de personas detenidas de manera ilegal, barbaridades que solo habiamos visto durante la dictadura de Somoza", comentó uno de los dirigentes de la Cenidh.

Qué dice el gobierno de Ortega
El gobierno sandinista cree que ninguna manifestación es genuina. Para ellos hay un plan para sacar al matrimonio presidencial del poder. "Se está gestando un golpe de estado. Es de manual. No son subversivos de Centroamérica. Uno puede señalar al Norte, que siempre conspiró contra los gobiernos populares", argumentó un ministro de Ortega.


Frente a esto, los que protestan tiene una visión diferente. "La gente está cansada de tanta represión. De tanto miedo. Estamos ante un estado criminal que infunde terror para que la gente no salga. A la noche parece que hay un estado de sitio, porque tienen miedo de que los maten. La CIDH las plantearon a las fuerzas como parapoliciales porque actúan junta con lo policía", agregó el dirigente social.


"La voz del pueblo es la voz de Dios", está escrito en un pasacalle. La Iglesia es muy fuerte en Nicaragua. Por eso, los representantes del Vaticano le exigieron algunas medidas al gobierno de Ortega, en una especie de tregua. Esta semana puede ser decisiva. En el medio, las historias de vida siguen en el medio de la crisis. Como la de un estudiante de administración de empresas que charló con la periodista de PPT. "¿Tenés miedo?", preguntó la cronista. "Vivo con él a diario pero aprendí a dominarlo. Ya no me asusta. Me puedo morir. Lo sé. Pero tenemos dos opciones, o vamos a la victoria o nos vamos muertos", cerró.
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